Común y corriente

En un día cotidiano, que no tiene nada de especial, una sola persona puede cambiar todo lo que tú pensabas y creías que ocurriría.

Es simple: sube, se sienta, pregunta, conversan y te cuenta sobre su vida.
No es necesario conocer todos los detalles, basta con pequeñas pero relevantes pinceladas de su día a día para hacer una (escalofriante suerte de) predicción. En otras palabras, solo cuando tienes una experiencia cercana a la muerte empiezas a valorar lo que eres y lo que tienes. Los bienes materiales, no. Me refiero a quienes te quieren, quienes te conocen. ¿Quién sabe? Cuando menos lo esperas...llega tu hora.

No quiero concluir esta entrada con una frase como "carpe diem". Tan solo quise escribir que he podido vivir para contar, como mejor sé, lo que pasó en un Viernes común y corriente...

... durante los 20 minutos más largos de la historia.